La antaño dulce chica, ahora estaba rota, mil pedazos la constituían y con
cada paso que daba, sus aristas la herían profundamente.
A esas alturas ya había aceptado que nunca volvería a tener compañía, que vagaría en ese mundo en permanente transformación con la única constante de los rayos de luz que su madre reflejaba. Nunca volvería a amar ni a desear. No sentiría nada, solo llenaría su interior la necesidad de saciar su sed.
Hacía mucho que no sentía culpa por las muertes que dejaba a su paso y nunca había sentido ningún placer al hacerlo, así que le fue fácil evadirse de cualquier ínfimo sentimiento que pudiera quedar. Y, de este modo, como una marioneta se dejaba llevar por sus instintos, que la hacían bailar al son de los gritos y llantos de sus víctimas.
Sus brillantes y cálidos ojos hacía ya mucho que se habían apagado. Quien cruzaba la mirada con esa triste chica se veía atraído como las polillas a la luz, cayendo en sus brazos, incapaces de zafarse de ese abrazo mortal.
Nada ni nadie podía salvar a esas almas perdidas de la profunda oscuridad que la hacía danzar.
26 diciembre 2015
04 noviembre 2015
Un mundo dentro de otro mundo
Quien hubiese imaginado dos semanas atrás que yo, una chica de lo más corriente, acabaría metida en un mundo dentro de otro mundo.
Seguramente debería empezar contando a que me refiero con lo de un mundo dentro de otro mundo.
¿Cómo os lo podría explicar? Dais por sentado que nuestro mundo está completamente explorado y que no queda nada por descubrir pero cualquier día los científicos podrían decir que bajo nuestros océanos existe toda una civilización... todo un mundo. O, tomando como referencia una de las novelas de ese fantástico escritor llamado Jules Verne, hay un mundo desconocido bajo tierra. Pues se da la casualidad de que, como en otros tantos casos, ese hombre no iba tan desencaminado.
En estos precisos momentos me encuentro claustrofóbicamente bajo tierra, de camino a mi casa desde las profundidades de nuestro gran y inesperado planeta.
El viaje de ida estuvo lleno de contratiempos y escepticismo pero el de vuelta es pura euforia.
Ninguno de los integrantes de la expedición, si se le puede llamar así a un grupo de... ¿cómo llamar a esas personas lo suficientemente mayores pero insuficientemente maduras? Bueno, como decía, ninguno de nosotros esperábamos encontrar nada remotamente interesante, nos bastaba con pasar el fin de semana lejos de nuestras familias y deberes. Incluso, tal vez, tener un lio, un rollete con ese chico que tanto nos gusta... pero yo no... lo decía por... solo para que conste.
Mmm... ¿qué andaba diciendo? ¡Ah, si! Que nada de lo que encontramos estaba en nuestros planes y nada de lo que vimos lo habríamos imaginado ni en un millón de años.
Ninguna luz semejante a la del sol alumbraba el centro de la tierra, solo la vida bioluminiscente nos mostraba por donde andábamos. Ningún ser vivo se parecía a lo que conocemos y la gama de colores de estos era infinita e increiblemente vivida. No existía el viento en ese lugar. Y lo único que se oía eran las complejas melodías que entonaban los seres de ese mundo dentro de otro mundo.
Seguramente debería empezar contando a que me refiero con lo de un mundo dentro de otro mundo.
¿Cómo os lo podría explicar? Dais por sentado que nuestro mundo está completamente explorado y que no queda nada por descubrir pero cualquier día los científicos podrían decir que bajo nuestros océanos existe toda una civilización... todo un mundo. O, tomando como referencia una de las novelas de ese fantástico escritor llamado Jules Verne, hay un mundo desconocido bajo tierra. Pues se da la casualidad de que, como en otros tantos casos, ese hombre no iba tan desencaminado.
En estos precisos momentos me encuentro claustrofóbicamente bajo tierra, de camino a mi casa desde las profundidades de nuestro gran y inesperado planeta.
El viaje de ida estuvo lleno de contratiempos y escepticismo pero el de vuelta es pura euforia.
Ninguno de los integrantes de la expedición, si se le puede llamar así a un grupo de... ¿cómo llamar a esas personas lo suficientemente mayores pero insuficientemente maduras? Bueno, como decía, ninguno de nosotros esperábamos encontrar nada remotamente interesante, nos bastaba con pasar el fin de semana lejos de nuestras familias y deberes. Incluso, tal vez, tener un lio, un rollete con ese chico que tanto nos gusta... pero yo no... lo decía por... solo para que conste.
Mmm... ¿qué andaba diciendo? ¡Ah, si! Que nada de lo que encontramos estaba en nuestros planes y nada de lo que vimos lo habríamos imaginado ni en un millón de años.
Ninguna luz semejante a la del sol alumbraba el centro de la tierra, solo la vida bioluminiscente nos mostraba por donde andábamos. Ningún ser vivo se parecía a lo que conocemos y la gama de colores de estos era infinita e increiblemente vivida. No existía el viento en ese lugar. Y lo único que se oía eran las complejas melodías que entonaban los seres de ese mundo dentro de otro mundo.
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