25 junio 2015

The angels of darkness - 17

Sin más que una sencilla despedida por parte de mi captor, salí de la biblioteca escoltada por Wesley.
Si, Wesley, no Lestat porque me negaba a pensar en él como mi antiguo compañero de grupo. Lestat ya no existía para mí, solo quedaba la malvada persona que había confabulado en mi contra y ese era Wesley.
Andamos por los pasillos de vuelta a mi habitación, cruzando por delante de la puerta que daba al dormitorio en el que supuestamente había vivido durante una temporada mi padre. Me pregunte, en el caso de que eso fuera cierto, en que condiciones se encontraba mi padre: en condición de invitado o de preso. ¿Cuando fue eso? Tal vez fue por eso que desapareció durante el embarazo de mi madre... Pero eso seguiría sin explicar porque se suicido.
La conversación con el espeluznante hombre no había resuelto mis dudas sino que había creado otras más difíciles de responder y eso me cabreaba sobremanera.

Una vez de vuelta a mi preciosa celda, le di vueltas y más vueltas a todo lo que se había dicho en esa grandiosa biblioteca. Y, al cabo de un rato, sin querer me encontré estudiando con esmero el aspecto del hombre que me tenia presa.
Recordaba perféctamente todos los detalles de su rostro, desde esos ojos de color ambarino, hasta la perfecta proporción de los ángulos de su semblante. Sus labios, algo carnosos y de un rosa pálido, curvados en una atrayente media sonrisa. Los brillos de su pelo castaño tirando a cobrizo bajo la luz dorada que desprendía la lampara de araña. Sus elegantes pero visíblemente fuertes manos cruzadas frente a él encima del escritorio. Los trabajados músculos marcados bajo un traje confeccionado a medida. Su piel pálida ligeramente dorada por los primeros rayos de sol de la primavera.
No se podía negar que era un hombre condenádamente atractivo, además parecía joven, no debía llegar a los treinta. 

¿Quien era ese extraño y seductor hombre del que ni siquiera sabía su nombre? ¿Por que me atraía tanto? Daba igual lo arrebatadoramente sexy que fuera y ese aura de misterio... ¡¿Esque estaba tonta o que?! ¡Era él, el que me había secuestrado! ¡¿Y yo estaba babeando por ese hombre?! Me repugnaba a mi misma. No tenia escusa, ni la adolescencia ni las hormonas, nada justificaba semejante delirio. Tal vez estaba enloqueciendo, ser secuestrada tenia que haber trastocado algo en mi mente, o tal vez tantos golpes en la cabeza me habían causado una conmoción cerebral...

Algo extraordinario tenia que haber pasado para que ese hombre se colara tan hondo en mi cabeza.






Bueno, otro tomo más, no es muy largo pero servirá.
Muchos mordiscos y que disfrutéis de la noche.

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